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Baldas a la vista para una cocina de plena tendencia

El espacio de almacenaje es un básico en una cocina. Sin embargo, da igual la cantidad de muebles que tengamos, que siempre se necesitan más. Es así, cuanto más espacio tenemos, más almacenamos, ¿no crees? Es quizás esto una de las cosas que nos llevan a justificar que las baldas hayan entrado en las cocinas pisando con tanta fuerza.

Y es que meternos en reformas o en ampliar el mobiliario no es tarea fácil, ni económica, por lo que, al igual que en el resto de estancias de la casa, las paredes libres se convierten en un estupendo recurso. Además, es una idea fácil de encajar desde el punto de vista estético, ya que no es necesario que sean del mismo material que el resto de muebles. De hecho, el contraste que podemos crear, por ejemplo, instalando baldas de madera, dará un toque de calidez a la cocina.


 

 

Ventajas de instalar baldas a la vista

1. Aprovechamos cada espacio de la cocina. Al poder instalar baldas a medida, cualquier rincón, por estrecho o pequeño que sea, incluso si son esquinas, puede ser el adecuado.

 



 

De este modo, la instalación es tan sencilla que podremos realizarla nosotros mismos. Así, lo más importante es elegir entre el tipo de anclaje:

- Por un lado, tenemos las baldas con soportes ocultos o invisibles: los anclajes se encajan directamente en el interior de la balda.

- Por otro, las baldas con escuadras: en este caso, tienen el inconveniente de que debemos dejar una distancia determinada entre ellas pero, por el contrario, suelen ofrecer mejor resistencia. Por su parte, este tipo de soporte nos ofrece la posibilidad de personalizar el tamaño de la balda, adquiriendo las tablas a medida. Así, podemos encontrar en el mercado escuadras de madera, de metal, con rieles…
 

¿Y cómo taladramos en el azulejo sin que se raje?

Tomaremos dos medidas: - Picar con un punzón el lugar exacto donde queremos taladrar, para eliminar la capa brillante del azulejo. Con esto, evitaremos que la broca resbale.

- Poner cinta de carrocero en la superficie, para que esta absorba las vibraciones.

 

2. Nos obligamos a mantener el orden. Al quedar todo a la visa, vamos a evitar ese efecto casi inevitable de los cajones y armarios, donde terminamos guardando todo amontonado y sin lógica alguna. En cualquier caso, podemos ayudarnos de cajas o cestas para esos elementos que no queremos exponer tan abiertamente, y de recipientes para las legumbres y otros alimentos.

 



 

Tip: podemos aprovechar los botes de vidrio de las conservas que vayamos gastando. Para ello, vamos a echar mano de un mini DIY muy sencillo. Pintaremos un recuadro en la superficie de los botes con pintura de pizarra (nos ayudaremos de cinta de carrocero para delimitar la zona a pintar), para poder indicar con tizas el producto del interior.

 



 

3. Podemos lucir nuestra vajilla, esa que compramos con tanto cariño, y que permanece guardada en un armario para ocasiones especiales.

 



 

4. Le damos mayor protagonismo a la pared: al fin disfrutamos en nuestra cocina de unos azulejos que SÍ nos gustan, y quedan ocultos en su mayoría tras los muebles... ¡Sácalos a relucir con baldas a la vista! ¿Te ocurre lo contrario, y tu pared no te termina de convencer? Tienes alternativas muy cómodas, rápidas y económicas: pintar la pared con pinturas para cerámica (en este caso, aplicaremos previamente una imprimación, para asegurar que la pintura se adhiere correctamente) o cubrirla con baldosas adhesivas.

 



 

Esperamos que esta información te haya resultado útil. Nos vemos en el próximo post de Vivienda Saludable.

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