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Organizar con estantes.



Diciembre avanza y los cambios en mi hogar también. Después de mucho tiempo pensando en concretar una solución de espacio práctica, el jueves pasado el carpintero mágico (desde este momento uno más de mi familia) hizo realidad en dos horas lo que estuve posponiendo por más de nueve meses.



En una ocasión anterior, mostré sin pudor alguno las desencantadas imágenes del comienzo de esta nueva etapa en nuestra casa (si tenés curiosidad, podés verlo en este post) Contaba entonces, que el rincón entre el living y el escritorio era ideal para un armario que contuviera la loza que volvió conmigo cuando se vendió mi casa paterna.



Claro que después de conocer al hombre perfecto las decisiones se hacen más fáciles. Y  mi hombre ideal llegó con una cinta métrica y un taladro en la mano... Yo sé que es raro. Pero seamos realistas, todas tenemos aspiraciones diferentes. Mientras algunas mujeres sueñan con plástico dorado, yo sueño con alguien que coloque estantes, cuelgue espejos y corte tablas. El príncipe de mis cuentos no tiene una Master Card, tiene caladora.



La idea original era realizar un mueble con puertas. De hecho, tengo las puertas ideales esperando ser recicladas de alguna forma. Sin embargo me decidí por estantes. No sólo porque optimizan el espacio disponible (y el presupuesto, obviamente) sino porque todo lo que iba a exhibir era lindo y merecía ser visto.



Seguramente me llevó más tiempo organizar la vajilla que el que tomó realizar los estantes. Hoy en día luce de esta manera, aunque todavía tengo alguna caja que abandoné, bolso en mano, para irme con mi familia al ranchito. A descansar mientras los hombres de la familia trabajan...



Nunca vi un ser humano tan feliz pintando una cerca. Una de las ventajas de tener cinco años es que todo en el universo es una aventura. Ocupado y feliz, Camilo permite que su madre escriba o intente escribir, porque desde mi laptop nueva, regalada con todo el amor por no marido pero distante de los ideales de esta mujer básica en términos cibernéticos. Por algún misterio que desconozco, tengo un teclado rebelde que no tiene ni las letras ni los signos donde deben estar. Supongo que cuando llegue a casa y a mi teclado de costumbre, realizaré los cambios que sean necesarios en la puntuación de estas palabras. Por ahora, comparto, un poco más tarde que de costumbre pero presente para decirles, feliz lunes desde Playa Grande.

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