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Horno de leña paso a paso

Fantástico trabajo de albañilería

Horno de leña terminado

Nuestro lector Taxi276 es el autor de esta espléndida obra de albañilería, un horno de leña nada menos, algo que todos anhelamos tener en casa. El artista declara que no tiene experiencia apenas con la paleta, aunque, viendo las calidades de su primer trabajo, la barbacoa, no cabe duda de que Taxi276 tiene finas aptitudes de maestro albañil.

Todo comenzó cuando nuestro amigo vio que una zona del jardín estaba siempre destrozada por sus perros.  Decidió que el problema se solucionaba construyendo allí una barbacoa, y, recordando el lema “querer es poder”, puso manos a la obra. Un año más tarde, ha querido completar la zona culinaria de verano con un horno  de leña. !Lo vemos paso a paso!

Taxi276 ni siquiera es aprendiz de albañil, nos cuenta, y ha subsanado su inexperiencia buscando información de hornos en Internet, y consultando a los albañiles del pueblo cada problema que le iba surgiendo.
La ubicación escogida para el horno de leña fue la zona del muro exterior contigua a la barbacoa, aquí ya vemos la parte inferior construida. Ese elemento recogerá las brasas caídas del horno, ayudando a mantenerlo caliente.

La boca de la hornilla, con los ladrillos caravista embutidos para luego forrar con piedra. Tras rellenar con tierra roja y arlita, para evitar pérdidas de calor, se hormigona. La chimenea de la hornilla irá a ras de suelo, sirve para verter las ascuas al hornillo.



Nuestro amigo unifica ambos módulos, la barbacoa y el horno de leña, con un adorno de ladrillo denominado sardinel, que se hace colocando los ladrillos como si fueran libros en una estantería. Además de ornamental, el sardinel es muy resistente.



Tras el replanteo del horno, nuestro amigo Taxi276 realiza impecablemente el arco de la puerta.



La irreprochable encimera, que compartirán amigablemente el horno de leña y la barbacoa.



Esta fase es del mayor interés: colocadas las dos primeras hiladas, nivel del suelo del horno, rellenamos con cristales rotos. Después cubrimos con una capa de sal gorda, "y nos hemos asegurado de que el horno no pierda calor por el suelo, explica el artista".

Los ladrillos que forman el suelo del horno se colocan sobre la capa de sal gorda. El 'pozo' para verter las brasas, como vemos, queda perfectamente nivelado con los ladrillos, a ras de suelo.

Para cerrar el horno, el artista ha cortado los ladrillos por la mitad, de esa manera resulta más fácil ejecutar trazados curvos.
El replanteo de la semiesfera es muy sencillo, basta clavar una puntilla en el centro del suelo del horno, anudar una cuerda y darle la medida deseada. Para su horno de 110 cm de diámetro, nuestro amigo marca 55 cm de radio. Llevando la cuerda tirante hasta los ladrillos, iremos dando la inclinación correcta a cada hilada, hasta que termine cerrando en la parte superior, justo encima de la puntilla.
Es muy práctico dejar las dos o tres primeras hiladas sin inclinación, para que lo que metamos en el horno no tropiece con las paredes, añade Taxi276. ¡Detalle de buen cocinero!

Para la salida de humos del horno, nuestro amigo adapta el tiro de un termo de agua caliente. El termómetro va en un sólido tubo de cobre, ajustado entre los ladrillos.

¡Un descanso para la cerveza! Nos retiramos unos metros, examinando con ojo crítico la obra. ¡La verdad es que lleva una marcha excelente!

Otro detalle de buen cocinero: Taxi276 quiere una luz dentro del horno, para ver el aspecto del plato. ¿Cómo conseguirlo? Tras largas sesiones de investigación en Internet, nuestro amigo decidió insertar en la pared del horno a modo de lucernario un cuenco de cristal Pyrex, que soporta altas temperaturas.

El trabajo sigue a buen ritmo, y llega el momento de presentar la chimenea.

Aquí la cúpula tiene el primer enlucido con mortero refractario. Seguidamente, llevará manta de vidrio como aislante, y luego alambre de gallinero para que agarre bien el segundo enlucido. Las puertas de hierro ya están colocadas.

La puerta inferior lleva por dentro esta rejilla destinada a sujetar una capa de mortero refractario. De esa manera, el calor no llegará a la chapa de la puerta, evitando el riesgo de quemaduras.

¡Todo a punto para los toques finales! Un plástico protege debidamente el mortero de la lluvia y de la humedad nocturna. El horno de leña está casi acabado, y sólo falta una mano de color sobre el enlucido. ¿Qué os parece el rincón culinario en el jardín de nuestro amigo Taxi276?



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