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Consejos para alicatar la cocina

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Cuando reformamos la cocina, uno de los pasos claves es el alicatado, ya que es una zona de la casa muy transitada y usada, propensa a las manchas y al desgaste. Además, el estilo de los azulejos cambia muchísimo con el tiempo y las modas, por lo que es fundamental sustituirlos si queremos renovar el aspecto de nuestra cocina.

 

Por eso, vamos a ver algunas de las claves para cambiar los suelos y paredes de baldosas y azulejos por nosotros mismos.

 

Comenzamos el trabajo

Para alicatar una cocina, tenemos dos opciones, retirar las baldosas iniciales o colocarlo sobre el existente, una opción mucho más sencilla, pero que, en el caso del suelo, cuenta con el inconveniente del desnivel que se produce con el resto de la casa.

 

En cualquier caso, la pared debe estar totalmente limpia y lisa antes de ser alicatada de nuevo. En el caso de que vaya a ir sobre los antiguos azulejos, tendremos que limpiar bien con agua y amoniaco para evitar la grasa y facilitar la adherencia.



Así mismo, debemos comprobar el estado de las baldosas, pues deben estar bien adheridas a la pared, para garantizar la buena resistencia del nuevo alicatado. De este modo, iremos golpeando una a una y las que suenen a hueco deberemos retirarlas con cuidado. Para ello, con cuidado retiraremos la silicona de las juntas e iremos rompiendo la baldosa del centro a los extremos. Para ayudarnos, podemos empezar realizando un agujero con el taladro en el centro de la baldosa. Después, eliminamos los restos de la pared y alisamos la superficie, aplicamos de nuevo mortero o masilla, colocamos la nueva baldosa y dejamos secar.

 

En el caso de que retiremos el suelo y la pared anterior, deberemos eliminar cualquier tipo de desperfecto que haya en la superficie, como grietas o agujeros, pues, posteriormente, pueden crecer y poner en peligro la estructura de la pared o provocar humedades. Para ello, podemos emplear una masilla tapagrietas que aplicaremos directamente sobre los huecos. Otra opción es emplear un revoque para igualar la superficie.

 

Colocamos el nuevo material

Una vez tengamos la superficie preparada, podemos comenzar a colocar el nuevo material. Si vamos a colocar sobre las baldosas anteriores, podemos emplear una cola de construcción o de alicatar. Así, extenderemos este adhesivo con una espátula dentada, prestando atención en que las nuevas juntas no coincidan con las anteriores.

 

En el caso contrario, lo habitual es emplear una mezcla de mortero o cemento cola con ayuda de una llana, expandiendo la mezcla por toda la superficie, sin dejar huecos, creando una capa de, aproximadamente, un centímetro de grosor.

 



En cualquier caso, hay que tener cuidado con la alineación de los azulejos. Para ayudarnos, podemos clavar un listón de madera en la parte inferior, empleando un nivel para que quede recto. Así, empezaremos a colocar los azulejos apoyándolos sobre este listón. De este modo nos aseguraremos de que queden rectos y a la misma altura. Eso sí, a la hora de poner el listón, lo mejor es colocarlo a la altura necesaria para que, por encima de él, nos quepan las filas de azulejos justas, para que no nos queden cortes por encima y por debajo.

 

Terminamos el trabajo

Cuando hayamos acabado, retiramos el listón y cubrimos la parte inferior. Para ello debéis medir bien el hueco y cortar los azulejos con una cortadora de cerámica. Por último, debemos rellenar las juntas con mortero para juntas y una llana de goma.



 

Agradecimientos: Imágenes de (por orden de aparición) Granite-charlotte/Flickr, Brianc/Flickr, Plutor/flickr, Granite-charlotte/flickr

 

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