Las pinturas plásticas que se usan de forma habitual en casa contienen en su mayoría los conocidos como Compuestos Orgánicos Volátiles (COV). Estos son los hidrocarburos que se presentan en estado gaseoso a temperatura ambiente normal o que son muy volátiles a dicha temperatura, por lo que pueden ser respirados por cualquiera.
Así, muchos de los COV contienen una elevada toxicidad, lo que les lleva a ser clasificados en categorías según su peligrosidad. En el caso de las pinturas plásticas, las propiedades tóxicas dependerán de cada compuesto y condiciones de exposición. De este modo, podrían llegar a provocar alergias, mareos e, incluso, problemas psiquiátricos como irritabilidad o falta de memoria.
Por el contrario, las pinturas naturales se caracterizan por la ausencia de estos compuestos, así como de metales pesados y otras sustancias nocivas. Están formadas a partir de aceites vegetales, óxidos de metales y otros derivados, que son de origen vegetal o mineral y que, por tanto, son biodegradables y respetuosas con el medio ambiente.
Por su parte, permiten la transpiración de los materiales que cubren y tienen una gran perdurabilidad.
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