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Rescatando sillas para el jardín

Una labor sencilla y muy práctica

Silla de tijera recuperada por Maderar


¿Qué tal si conseguimos una bonita silla clásica de tijera por sólo unos pocos euros, el precio de la lona nueva para el asiento? Nuevamente comprobaremos que el deterioro en los muebles abandonados es más aparente que real, y con una esmerada puesta a punto podremos colocarlos en el mejor rincón de la casa. Del jardín, en este caso.

Nuestro amigo Maderar, experto en los trabajos de carpintería, es también un gran aficionado al reciclaje, actividad que considera un deber ecológico para los bricolegas. Su trabajo con unas sillas recuperadas del  contenedor de enseres desechados ofrece un estímulo inmejorable para que todos sigamos su ejemplo. ¡Vamos a verlo en detalle!

"¡Vaya desperdicio, ya son ganas!", pensará más de uno ante el calamitoso aspecto de la silla.

Sin embargo, un cuidadoso examen nos hará ver que el armazón está bien conservado, sin grietas ni roturas. Debajo de esa pintura costrosa la madera continúa en buen estado, lista para seguir prestando servicios, y el ojo experimentado de nuestro amigo Maderar lo detectó al momento.


En efecto, aquí lo vemos, después de retirar la lona vieja, y rejuvenecer la madera mediante el papel de lija y la pintura. Los listones rectos facilitan mucho la tarea del lijado, en media hora podemos adecentar la superficie y dejarla en las mejores condiciones para recibir el nuevo esmalte.

Maderar ha elegido un bonito color verde, muy a tono con el entorno del jardín donde colocará su silla.

Un detalle que nos ha gustado mucho: en vez de la lona sujeta por ambos lados, el artista coloca un asiento rígido, hecho de tablero de pino alistonado, una variedad relativamente ligera. El nuevo elemento no cargará en exceso la fina estructura.

El doble rebaje practicado con la fresadora tiene función estética, embelleciendo el tablero que irá colocado entre las dos piezas móviles de la silla.

Aquí vemos el nuevo asiento, con un grato color cálido gracias al barniz.

Sólo queda reponer la tela del respaldo y confeccionar para el asiento una funda de la misma tela, con relleno de gomaespuma.

¡Ahora incluso los más escépticos aplaudirán la iniciativa de Maderar al recoger aquella silla tan achacosa!

Y no fue el único salvamento de aquel día, nuestro amigo encontró también otras sillas abandonadas a las que hizo los debidos honores. Aquí vemos dos de ellas, alegrando un bonito rincón del porche.

¡Un perfecto recurso en tiempos de crisis! ¿Qué te parece el resultado?

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