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Renueva el suelo de tu casa sin ningún tipo de obra

Los suelos de madera siguen siendo a día de hoy los grandes protagonistas de la decoración, ya que son únicos en cuando a elegancia, calidez y resistencia se refiere. Sin embargo, con el paso del tiempo puede ocurrir dos cosas en relación a ellos: 

1. Que nos cansemos de su acabado o color, pues puede que queramos dar un cambio radical al estilo de nuestro hogar y el viejo parquet de acabado en brillo ya no encaje demasiado.

2. Que, a pesar de su resistencia, las marcas, arañazos y golpes hayan dejado mella en su aspecto, viéndonos obligados a ver cada día un suelo dañado, sin brillo y deslucido.

A pesar de ello, la falta de tiempo y, sobre todo, de ganas, nos impide tomar la decisión de ponernos manos a la obra y meternos en una reforma completa del suelo de la vivienda, con todo lo que ello implica: llamar a profesionales, pedir y comparar presupuestos, retirar todos los muebles de la casa, convivir con los obreros unos días, levantar todo el suelo anterior... 



Sin embargo, no hay de qué preocuparse, pues siempre podemos recurrir a un plan B. De hecho, en este artículo os demostraremos que no solo hay un plan B para cambiar los suelos de madera, sino que tenemos un C e, incluso, ¡un plan D! ¡No hay excusas para seguir con ese viejo suelo de madera en casa! 

PLAN B: Cuando el problema principal es el desgaste, pero no queremos renunciar a su aspecto, la respuesta es clara: tenemos que repararlo, para resaltar de nuevo las vetas naturales de la madera y conseguir que recupere su belleza natural. Y, para ello, emplearemos lasures o barnices. 

De este modo, antes de aplicar el barniz es necesario retirar la capa anterior y, para ello, lo más cómodo es emplear una máquina acuchilladora que podemos alquilar. Una vez acuchillado todo el suelo, debemos pasar bien la aspiradora para retirar todos los restos de polvo y terminar de limpiar con un paño húmedo o la fregona muy bien escurrida.

A continuación, llegará el momento de aplicar el lasur o barniz que permitirá recuperar la belleza de nuestro suelo de madera y, para ello, podremos ayudarnos de estos materiales: 

- Pad de madera hilo corto: es especial para barnices de estancias de interior. 



- Pad de madera hilo largo: en el caso de que vayamos a aplicar lasures a suelos de exterior. 



Este tipo de herramientas son muy fáciles de manejar y mucho más cómodas, ya que se manejan de pie y ofrecen una mayor cubrición, sin producir espuma. 

PLAN C:  Es probablemente la opción más sorprendente, y es que se trata de pintar el suelo, y la ventaja es que tendremos una amplísima gama de colores entre los que escoger. Incluso podemos dar algún acabado especial, como un aspecto envejecido o una combinación de diferentes tonalidades. 

¿Qué materiales y herramientas necesitaremos? 
- Rodillos de pelo corto, perfectos para superficies lisas, o un rodillo especial suelos para acabados finos. 
- Un multi-alargador, para pintar con más comodidad y evitar tener que pintar agachados.
- En el caso de que no vayamos a pintar el rodapiés o no tengamos, usaremos un rodillo recortador para los bordes.
- Una imprimación todoterreno.
- Pinturas acrílicas o resina de dos componentes.
- Cubetas.
- Barniz incoloro.
- Papel con cinta para cubrir paredes, zócalos, rodapiés...
- Cubretodo para cubrir los muebles fijos y armarios empotrados.
- Cinta de carrocero para cubrir pequeños detalles.



Pasos a seguir: 

1. Una vez hayamos retirado todos los muebles y cubierto paredes y demás elementos con los materiales de protección, vamos a empezar limpiando el suelo en profundidad. Para ello pasaremos la aspiradora a conciencia, para retirar cualquier resto de polvo. Después fregaremos el suelo con agua tibia y algún desengrasante, y dejaremos secar.

2. Cuando el suelo esté bien seco, procederemos a aplicar una capa de imprimación en toda la superficie. Con ello nos aseguraremos de que la pintura se va a adherir correctamente, algo fundamental si queremos que resista al paso del tiempo. 

3. Una vez seca la imprimación, aplicaremos 2 o 3 capas de pintura, dejando secar entre ellas, para finalmente acabar con una mano de barniz incoloro que protegerá la superficie.

¿Habéis visto qué fácil? Aún así, si la idea de pintar el suelo no os convence demasiado o este tiene tan mal aspecto que no tiene 'remedio', podemos optar por otras opciones...

PLAN D: Instalar suelos vinílicos. Es probablemente la opción más rápida y sencilla. Se trata de suelos compuestos por láminas autoadhesivas, que se instalan directamente sobre el suelo anterior. Así, son muy finas, por lo que son fáciles de recortar para adaptar al espacio y no suelen tener problemas con las puertas. De este modo, a pesar de lo que pudiera parecer, se trata de suelos bastante resistentes. Además, la ventaja es que con los años podremos retirarlos y sustituirlos por un nuevo modelo. 





¿Qué os parece? ¿Por cuál de los tres planes os vais a decidir? ¿Os animáis a pintar el suelo de casa
 
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