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Los revestimientos vinílicos

Una solución práctica

despacho


 

La decoración de un edificio está marcada en primer lugar por el aspecto de su construcción, por lo que las atenciones a suelos y paredes cobran especial relevancia. En cuanto a las paredes, una solución recurrente es pintarlas o empapelarlas; sin embargo disponemos de otra alternativa interesante: cubrirlas con revestimientos vinílicos, un material compuesto de algodón y una lámina de polivinilo.

 

Sus características los hacen especialmente apropiados para zonas sometidas a desgaste y muy transitadas. Además, se fabrican en una amplia gama tonal y de motivos decorativos, apta para todos los gustos.

 

Extensas propiedades para un uso frecuente

Estos revestimientos se muestran muy resistentes a los golpes, a la luz y al fuego. En este último aspecto pertenece a la clase M1, que indica que es un material combustible pero que no se inflama. Es decir, si el calor desaparece, la combustión también lo hace. Además de ser un material duradero, cuesta muy poco mantenerlo en buenas condiciones.
                                                                     
silla blanca

Asimismo, se trata de un producto muy útil para hoteles o colegios, ya que se puede limpiar fácilmente, incluso con agua, y para zonas esterilizadas, como consultas médicas o residencias de ancianos. Al fabricarse con un tratamiento a base de viniceno, un compuesto con acción antibacteriana, se evitan las infecciones que en ocasiones se producen por las bacterias acumuladas en los muros.

 

Aunque para este tipo de edificios son especialmente adecuados, lo cierto es que se usan también para la decoración general del hogar, por su amplia gama de diseños y colores.

 

Consejos prácticos de colocación

El primer paso que realizaremos será la preparación del muro donde vamos a colocar el material, que debe ser lisa y no tener polvo ni otras impurezas. A continuación debemos extender con un rodillo - o un cepillo, si estamos ante superficies pequeñas o complicadas como esquinas - una solución adhesiva que estará o no diluida en agua, según el material del muro.  

                                                         
pasillo


 

Este tipo de revestimiento se adquiere en rollos, por lo que es necesario cortarlo en franjas de las dimensiones de la pared. Al tomar medidas de la altura para cortar el material, es mejor pecar un poco de exceso, ya que a veces el zócalo no está siempre a la misma altura y, si nos quedamos cortos, no podremos solucionarlo. Ahora llega el momento de fijarlo a la pared, sobre el adhesivo. Con una espátula se va pegando poco a poco, de forma que quede uniforme. A veces pueden aparecer pequeñas burbujas de aire, problema que solucionaremos pinchando el material con un alfiler.

 

Cuando hemos colocado la primera franja, las siguientes se instalan de la misma forma, pero unos centímetros del extremo tienen que quedar solapados a la lámina anterior y así sucesivamente hasta que cubramos toda la superficie. El revestimiento quedará totalmente adherido a la superficie después de unas horas.

 

Una limpieza muy fácil

Es fundamental eliminar la mancha cuanto antes, porque si se seca, será más conflictivo acabar con ella. El material soporta bien el agua, por lo que podemos utilizar un paño húmedo o incluso una esponja.

                                                    
silla naranja

 

Para las manchas húmedas es mejor no emplear el paño, sino que las eliminaremos por absorción. Las manchas más difíciles y resistentes también tienen solución en este tipo de revestimiento: sólo necesitamos un cepillo suave y, si son muy complicadas, también podemos aplicar un limpiador especial. En cualquier caso, al final del proceso, secaremos la superficie con un paño para eliminar los restos de productos de limpieza que hayan podido quedar en la pared.

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