DOSMANOSIZQDAS escribió el
13/09/2010 a las
14:19: "Cautivo y desarmado el ejército de avispones que habitaba mi tejado, he alcanzado mis últimos objetivos militares; la guerra ha terminado"
Si viviésemos en otra época anterior, felizmente superada, este podría ser el último parte de mi guerra particular contra estos molestos insectos. Os cuento como he acabado con ellos.
El nido estaba situado entre el muro de cerramiento de mi casa y el tejado, a unos 8 metros del suelo. Primero las fumigué desde el suelo con un aparato de los que se utilizan para fumigar árboles frutales y aunque conseguí que el veneno llegase a la altura deseada, no entraba en el nido por estar en el interior de la pared.
Luego me dijeron que con una antorcha de humo de gasoil, desaparecerían todas. Pues dicha antorcha en el extremo de una pértiga lo suficientemente larga y la llevé hasta la entrada misma del nido. Resultado: se alborotaron un buen rato, casi me pican y se partieron de la risa continuando con su vida normal.
Luego empapé una esponja en gasoil y con ayuda de la pértiga la introduje en el agujero de la pared por donde ellas entran, pero quedó algún resquicio por donde continuaron su vida normal. De la supuesta aversión que sientes por el olor a gasoil, nada de nada (yo creo que incluso las alimenta)
Llegados a este punto pegué un puñetazo encima de la mesa y decidí dejarme de paños calientes y actuar por la tremenda. Como el techo de la segunda planta de mi casa es de madera pero continua, sin ningún acceso a la planta situada bajo la cubierta, pues me cogí mi sierra japonesa y con sumo cuidado corté las tablillas situadas entre dos vigas, para construir una trampilla de acceso. Lo hice con la sierra japonesa para que los cortes fuesen finísimos y que no se notasen una vez colocada la madera de nuevo. Compré un spray antiavispas de esos que llegan a una distancia de cuatro metros, me puse un pasamontañas, con unas gafas debajo, dos chaquetas (una encima de otra), guantes, botas y me até los pantalones en la parte inferior para que no entrase ninguna por ahí (podéis imaginar la pinta que tenía, parecía Termiantor) y con una linterna en ristre, puse una escalera y subí por la trampilla.
Me acerqué a unos dos metros de donde estaba el nido y lo hice al atardecer para asegurarme que estaban todas dentro. Apunté con el spray hasta vaciarlo entero. A los pocos segundos se armó la de San Quintín; la zona donde se encontraban comenzó a "hervir" y comenzaron a salir todas hacia la camara donde yo estaba, entonces apagué la linterna y con toda la rapidez que pude salí por la trampilla que había construido colocando las tablas otra vez tras de mi. Durante unos diez o quince minutos se las oía desde la planta inferior como si las tuviese encima de la cabeza. Poco a poco se fué calmando la cosa hasta quedar en silencio.
El resto fué fácil, a la mañana siguiente volví a subir a la "zona cero" pero esta vez armado ya sólo con un cepillo y un recogedor.
Digo lo de la zona cero porque coincidió que todo esto fué antesdeayer 11 de septiembre.
Fin de la historia. A grandes males, grandes remedios.
Un saludo para todos.